Y LLEGÓ EL MOMENTO DE LOS REYES DE LA VERBENA

La Plaza Mayor estaba a reventar. Desde media hora antes, no cabía un alfiler. Las calles aledañas se convertían en mareas humanas que dirigían al público hacía el mismo punto: la verbena. No era una noche cualquiera. Después de seis días de orquestas de calidad llegaba el momento cumbre, ese que algunos han esperado desde el año pasado. La Orquesta Panorama iniciaba su show. Desde los 14 metros de altura del escenario bajaba uno de sus cantantes con chistera descolgado por cables, mientras tanto brotaban sobre el imponente escenario de 30 metros una primavera inflable de plantas de plástico, entre las que trotaban dos hombres vestidos de jirafa y de cebra. Seguía la admiración del público, que no perdía ojo mientras de un capullo de flor blanca nacían tres bailarinas como tres gimnastas olímpicas metidas a show-girls. Una nube de humo blanco lo cubría todo y el trombonista y el trompetista que un momento antes hacían rugir sus instrumentos ahora agitan su cuerpo como poseídos por la música.
Empezaba el Show. Enfrente, miles de personas abarrotan la Plaza Mayor atraídos por las luces y la música. Ya no había marcha atrás. Las luces dejaban paso a las pantallas, y la música empezaba a animar el ambiente. Así durante horas, tantas que casi salía el sol al son de sus ritmos. La Plaza Mayor intentaba recuperar, entonces su aspecto habitual de sábado. Y cambiaba los grandes camiones del escenario por los tradicionales puestos de ropa. Atrás quedaba otra noche memorable, en la memoria de muchos. Hasta la próxima, que a buen seguro la habrá.

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