Mª CARMEN HIDALGO: “ME LLAMABAN LA NIÑA MILAGRO, Y SÍ, CREO QUE LO SOY”

Mª Carmen Hidalgo emocionó. Con los sentimientos a flor de piel, la pregonera de este año superviviente y víctima de la explosión que el 15 de agosto de 1967 segaba 13 vidas. “Hoy es un día muy especial para mí. Un día con sentimientos encontrados”, apuntaba la que esta noche se convertía en la voz de las 10 familias que perdieron a sus seres queridos en este triste suceso de hace 50 años. “Un día en que los recuerdos de personas queridas, que ya no están con nosotros, son más intensos, pues desde el Consistorio desean homenajear a las víctimas de la catástrofe de 1967, en su 50 aniversario”, continuaba. “Me han honrado con ser portavoz, pero creo que cualquiera que estuviera en las mismas circunstancias, podría estar aquí y quizá con más méritos. Cada familia es una vida, cada vida es una historia y este acontecimiento, que ya forma parte de la historia de nuestro pueblo, ha pasado a ser la historia también de nuestras diez familias: Familia Sánchez González; Familia Martín Rodríguez; Familia Bullón Díaz; Familia Herráez Rodríguez; Familia González Bueno; Familia Hernández Puentes; Familia Sánchez Bazo; Familia Torres Gil; Familia Martín Sánchez, y de la mía propia.”, decía con sencillez antes de empezar a contar su historia, la de una pequeña niñas de poco más de dos años que ese día perdía a sus padres. “Me llamaban la niña milagro, y sí, creo que lo soy”, empezaba su relato “Mis padres: Gonzalo y Ero, se pusieron su ropa de domingo y a mí también me arreglaron con mi mejor vestido, para salir hasta la Plaza Mayor. Yo iba en medio agarrada de sus manos, dando saltos y volteretas por el aire, por la calle Alfonso XIII, hasta que al llegar a la altura del estanco de Manolo, lo que era algarabía, luz y felicidad se convirtió en polvareda, oscuridad, llanto y pena. Se desplomó un edificio de tres plantas de jamones, a consecuencia de una explosión de bobolina, que nos truncó la vida a diez familias que perdimos a nuestros seres más queridos y otras muchas que se vieron afectadas con familiares heridos”. En ese momento, en la Plaza de Julián Coca los sentimientos ya estaban a flor de piel pero la sinceridad de Hidalgo Fernández no quedaba ahí. “Las horas, los días, semanas y meses siguientes fueron terribles y muy dramáticos para todos, pues tuvimos que empezar a aprender a vivir de nuevo, de otra forma muy distinta: sin esos seres queridos y con muchas carencias que hasta ese momento nadie hubiésemos imaginado. Nuestras víctimas, estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado, dejando un vacío inmenso en nuestras vidas”, reconocía agradeciendo, además, el apoyo del pueblo en aquel momento. “La solidaridad, la ayuda humana y afectiva de los guijuelenses, fue extraordinaria”, prosiguió sin querer dejar fuera de este homenaje a la persona que a ella y su hermano, de 14 años entonces, les atendió ante la falta de sus progenitores. “Mi hermano y yo tuvimos que aprender a vivir de otra manera, sin nuestros padres, pero con un Ángel de la Guarda que fue nuestra tía Luisa”, “Ella fue todo para mí, mi padre y mi madre a la vez. Sacó fuerzas de flaqueza para que yo tuviera una vida normal. Sé, por ella, que contó con la ayuda de mucha gente del pueblo”, aseveró para cerrar este triste capítulo y comenzar la narración de lo que a sido su vida en Guijuelo. “En mi memoria están grabados olores, sabores y sonidos de mi niñez, que cuando se hacen presentes me reconfortan y me transportan a aquella época”, proseguía haciendo repaso de su vida. “Empecé en el jardín de infancia, en los locales de Brisa, con las monjas del Colegio Amor de Dios, para ir después, con ocho años, al colegio Filiberto Villalobos, donde profesores como Dña. Esperanza, Dña Lola, Dña . Adelfa, D. Amador, D. Segundo, D. José Ángel, Dña. Marisa y otros muchos marcaron mi formación” decía. No faltaron anécdotas y referencias a su niñez. “Aunque éramos pequeñas, también nos mandaban a hacer los recados a las tiendas del barrio: la de Tere y la frutería del aceitunero en Cuatro Caminos o la de Angelines en la bajada del Pilar y teníamos que mirar bien al cruzar la carretera”, continuaba. Un repaso por una vida marcada no solo por la tragedia de 1967 sino por olores y sabores que le evocaban referencias a seis sentidos: los cinco conocidos y el del corazón. “Éste lo pongo yo; pues quiero que este pregón sea un alegato a la vida, a la vida de todas nuestras familias, que han tenido la fortaleza y valentía de seguir adelante en una lucha constante y no siempre fácil”. “De manera muy especial, me quiero acordar de estas diez familias que, en estos 50 años, hemos tenido que recordar en la memoria y en el corazón a nuestros seres queridos, a los que no hemos olvidado ni olvidaremos”, finalizaba. Tras esta palabras, y el recuerdo que Hidalgo hacía a su esposo y a su familia, el alcalde Francisco Julián Ramos Manzano procedía a la entrega de un ramo de flores y un cuadro conmemorativo dando paso a la elección de la Reina de las Fiestas.